Antes de empezar, una aclaración importante
Este artículo aplica principalmente a situaciones donde los perros están bajo la tutoría de una misma persona, o de dos (o más) personas que comparten criterio y una intención real de educar a sus perros.
No está pensado para el típico contexto de parque “tierra de nadie”, donde cada persona manda solo sobre su perro (y a veces ni eso).
En los parques es frecuente que:
- nadie regule la intensidad ni la forma del juego
- nadie ponga límites a las interacciones
- muchas personas no puedan ver —o no quieran ver— que su perro está siendo invasivo, bruto o directamente que es tremendo abusador
En estos espacios suele aparecer una creencia muy extendida (y muy equivocada):
👉 “Mientras más corren y se revuelcan, mejor la están pasando y no hay que meterse”.
Eso es completamente falso.
El problema del parque es que el margen de intervención es mínimo. La estrategia frente a un juego tóxico o situaciones de abuso suele ser una sola: 👉 retirada a tiempo.
Dicho esto, ahora sí:
si estás con perros bajo tu responsabilidad (y con humanos alineados en este propósito), regular el juego no es opcional.
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¿Me meto o no me meto?
(spoiler: casi siempre sí)
Escena clásica.
Dos perros juegan aparentemente re copados y la gente mira.
Vos, con cara de póker, alternás entre:
“qué lindo juegan” y “esto termina mal”.
Vamos a ordenar algunas cosas, porque en el juego entre perros no es “que se arreglen”.
Y tampoco es estar cortando todo por miedo.
👉 Es regular, no reprimir.
👉 Acompañar, no mirar para otro lado mientras hacen cualquier cosa.
Les dejo un video:
Contexto: estos perros no conviven, son amigos hace tiempo. Es la primera vez que Zeus (macho Border red merle) va de visita a lo de Nala (la hembra border blanca y negra). Las familias me contactaron porque cuando la visita era en la casa de Zeus las cosas se salían de control y las personas pasaban mal: el juego era caótico y con intensidades EXTREMAS. La tutora tenía que gritar y estar mucho rato tratando de bajarlos cuando las cosas explotaban. Por eso en esta sesión, marcamos una intensidad máxima de juego tan bajita (además de que es un espacio muy chico, lo que se ve es todo lo que hay).
Somos 4 personas y tres perros en el sitio, permitir más intensidad sería un error muy obvio.
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El punto clave que casi nadie quiere escuchar
👉 Cuando los perros juegan, la intensidad máxima la ponés vos.
Y no, esa intensidad no es fija. Cambia todo el tiempo.
Tu trabajo no es adivinar si “se van a pelear”.
Tu trabajo es evitar que el juego llegue a ese punto.
Y sí:
- es tu responsabilidad educar a tu perro para que no sea bruto
- y también protegerlo para que no la pase mal jugando con otro que sí lo es.
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¿Entre ellos no se ponen límites?
Sí, claro que sí.
Pero igual hay que observar.
Por ejemplo, en un juego entre un adulto equilibrado y un cachorro, suele ser el adulto quien marca la intensidad. Ahora bien, fijate que:
- el tamaño se lo permita
(si el adulto es un salchicha y el cachorro un labrador… capaz precisa tu ayuda) - el cachorro no lo agobie
a veces el adulto marca bien y el cachorro insiste doscientas veces
👉 si eso pasa, intervenís vos: corregís al cachorro, parás la situación y, si hace falta, atás a punto fijo - el adulto sea realmente equilibrado
si es un loco bárbaro no educa nada
si es miedoso o con problemas de gestión puede ser demasiado violento y morder en vez de marcar bien
No todo perro adulto es buen educador.
Les dejo un video:
Contexto: vemos a mi perro Gino (cruzapequeño de caniche gris, 8 años) y Piero (cruza mediana, 5 meses) el día en que se conocen. Piero llega a mi consulta porque «molesta» a la perrita adulta con la que convive y ella termina enojada (es una cruza pequeña como Gino, adulta tambien). Lo que pasa es que Piero quiere jugar todo el tiempo y no estaba entendiendo el límite, la pausa y se ponía muy intenso e insistente.
En esta sesión observamos como Gino pone límites sin violencia y enseña las pausas. Si las cosas escalaban un poco y Piero no aceptaba las normas o se ponía más bruto, yo como referente, debería apoyarlo (para eso está la correa).
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¿De qué depende cuánta intensidad puedo permitir?
1. El espacio (esto es matemática básica)
No es lo mismo:
- un living
- un patio
- un parque o la playa
👉 A menor espacio, menor intensidad tolerable.
Corridas explosivas en el living = mala idea.
No es juego adecuado: estamos permitiendo un mal uso del espacio y transmitiendo una idea equivocada de cómo se habita el hogar.
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2. El vínculo entre los perros
Preguntas clave:
- ¿Se conocen mucho?
- ¿Tienen buen historial?
- ¿Ya resolvieron conflictos bien?
- ¿Ambos están disfrutando?
Si la respuesta es sí, podés permitir un poco más.
Si no se conocen o hubo roces previos, bajás la vara. Sin discusión.
Va otro video:
Contexto: estos dos perros son Vito (macho cruza de border, blanco y negro) y mapache (hembra cruza balnca con manchas). Ellos conviven y no se pelean pero Mapache suele romper los collares de su «hermano» y lo revuelca por eso suelo violentamente. Si bien él no se queja y parece querer seguir jugando, es una intensidad muy alta que podría terminar mal (lastimando a Vito en un mal movimiento o incluso generando que otros perros se metan para querer regular la intensidad). Vamos a marcar un máximo y a hacer pausas para frenarlos cuando la cosa levanta mucho.
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3. El tipo de perros (acá no romantizamos)
Dos perros jóvenes y muy competitivos, sobre todo del mismo sexo, requieren atención extra:
- la excitación sube rápido
- la tolerancia baja rápido
- el juego puede escalar a pelea en segundos
Esto no es prejuicio.
Es experiencia.
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4. Diferencias de tamaño o fuerza
El objetivo del juego es simple y no negociable:
👉 nadie sale lastimado ni se vuelve el peluche del otro.
Si uno tiene clara ventaja física, vos compensás con regulación. Punto.
En el juego hay reglas y la más básica es ser amable con el cuerpo del otro.
Sí, igual que con los nenes.
Más videos:
Cobntexto: Gino (adulto cruza chico) y Apolo (golden de 8 meses) juegan de manera sexualizada. Esto es normal entre machos pero hay que ver que la diferencia de tamaños es notoria, por eso tenemos que estar atentos. Al comienzo vemos que Apolo es un poco abusivo y trata de montar a Gino en contra de su voluntad (es una falta de repeto dado que el otro es el adulto y el el joven) y recibe algunas correcciones. Luego Gino contesta con el mismo gesto de monta que es una expresión para bajar la intensidad del otro y de paso una marca jerárquica (acá mando yo, que soy el más grande) seguido de invitaciones al juego, amigables. Si en la primera parte de la interacción Gino no hubiera logrado frenar a Apolo yo hubiera intervenido ya que él solo no iba a poder poner el límite por la gran diferencia de fuerza entre ellos.
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5. Intención real de juego
Para que sea juego:
- los dos quieren jugar
- se buscan mutuamente
- aparecen pausas espontáneas (uno se acuesta, olfatea, se va un segundo)
- y el otro las respeta
Si uno:
- intenta frenar
- se aleja o intenta hacerlo
- se queda rígido
- muestra incomodidad o señales de miedo/amenaza
- está siempre en el suelo con el otro encima
- muerde fuerte
👉 ya no es juego, aunque el otro esté “re entusiasmado”.
Aquí un video clave:
Contexto: desconocido. Este video del que no tengo idea de la relación entre estos perros. Lo que es importante acá es que el Rotty es un animal que usa su cuerpo para acosar a los demás. Esas pechadas no son de buena onda, no está jugando en ningún momento -aunque lo hace de una forma que puede confundir a un ojo distraído- porque le impone un tono «lúdico» al inicio… Este perro es bastante abusador alguien (humano) debería ponerle un límite.
Al final escala y termina bastante mal la cosa.
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Señales claras de que hay que meter una pausa
(No mañana. No después. Ahora.)
- Cambia el sonido: llantos, gruñidos bajos, exceso de ruido
- En espacios cerrados arrancan corridas explosivas
- En espacios abiertos se arma corrida circular y se suman otros perros
- Mordidas cada vez más fuertes
- Se agarran de correas o collares
- Uno se vuelve claramente invasivo
- Montas repetidas con abrazo o sujeción en el suelo
- Golpes y patadas intensas
- Ladridos en la cara, demandantes
- No hay pausas (o uno las propone y el otro no las respeta)
- Intensidad en aumento constante
👉 Si ves eso: parada técnica urgente.
Video de un juego que requiere intervención:
Contexto: estos dos perros son amigos y están en la guardería. Fillippo (Westie, blanco) está jugando con una intensidad que no es propia del juego. Está usando su cuerpo para aplastar a la otra, la tiene inmovilizada y está tenso, gruñendo de forma poco «amigable». Si se fijan, un adulto que está allí se acerca a mirar y ver que esté todo bien porque es una situación que no es relajada y llama la atención.
Aquí habría que detener el juego y pedirle a Fillippo que se siente, que haga una pausa y que juegue de manera más suave con la otra perrita.
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¿Qué busco en la pausa?
Nada místico. Nada eterno.
👉 Que ambos perros se detengan un segundo y me miren.
Si eso pasa, pueden volver a jugar.
La pausa no es castigo.
Es regulación.
Video de un juego super lindo:
Contexto: estos dos perros jóvenes son Runa (la boxer) y Loki (el labrador) son dos alumnos míos. Se acaban de conocer en una clase grupal y se entienden super bien. Cuando uno pide espacio el otro se lo dá, los movimientos son coordinados, ambos están a gusto y, si bien están entreverados en el revolcón, se ve que ambos se respetan y no se aplastan o se acosan.
Acá solo observamos y los dejamos disfrutar.
¿Y si hay uno que se pasa de rosca?
Muy común. Muy humano también.
- Llamo la atención solo de ese perro
- Marco la pausa
Ahora bien…
👉 Si tengo que llamarle la atención más de 3 veces porque sigue siendo invasivo, la consecuencia es clara:
pierde su libertad
Atado a punto fijo (a un mueble o a mí).
No es dramático ni traumático.
Eso:
- baja la intensidad sin conflicto
- me libera de estar corrigiendo todo el tiempo
- libera al otro perro, que ya no tiene que escapar ni defenderse
Todos ganan.
Incluso el que recibe la consecuencia, porque aprende.
Último video:
Contexto: Waffles (el salchi, 6 meses) acaba de conocer a Ainú (creuza blanca y negra, 5 meses) y están encantados jugando pero Waffles no quería parar de jugar ni un segundo. Ainú se sentaba un poco a descansar y el otro se le tiraba encima. No la dejaba ni frenar a tomar agua. Luego de marcarlo varias veces con la técnica de frenado con cuerpo y correa que mostré en otros videos, decidí aplicar otra técnica. Lo até de forma que pueda seguir jugando pero, cuando Ainú necesitaba frenar, él quede limitado.
Esto es ideal si tenés un cachorro o un perro joven muy activi y un adulto o un perro más pachorro, para darle paz al que no quiere estar jugando 24/7. El más pancho se puede alejar cuando no quiere jugar más, al menos por un rato.
(No dejes a tu perro atado sin supervisión).
¡Espero que les sirva mucho este trabajo!


